jueves, 18 de junio de 2009

Serenata

Ella se cortaba las venas, mientras afuera, en el mundo, las guitarras y la voz sonaban. ‘’amor mío, aquí estoy’’ decía la letra a todo pulmón, pero ella seguía rasgando su tejido y ansiosa, veía brotar su sangre de princesa alucinada.

Y el silencio inundó la habitación, y como una pluma, lentamente, iba cayendo ella, viendo en sus sueños los días maravillosos de su existencia. Una luz más fuerte que el sol la cegó y de repente empezó a llorar, sabía que era la luz de la despedida.

Las guitarras sonaban más fuertes, más rápidas, la voz gritaba desesperada porque no había respuesta, porque la ventana no se abría. No se abrió. Ella yacía en el suelo como pétalo de amapola que nada en un río de muerte. Ella no escucharía más la serenata.

3 comentarios:

Javier Saréc dijo...

...Y las voces de las guitarras se despidieron de la princesa, diciendo "Adiós" con un pañuelo de lágrimas al saberla lejos.

Carlos dijo...

ja, ja ,ja, nombre Javier!, debería terminar así:

"Y el sol cuenta de la luna, que ésta última asomó sus ojos a sus pies. Y en un último asomo de vida y desventura, le susurró al oído: "noches para amar... alumbrándote el camino; voces del más allá, por amor tonto e infiel, haz labrado tu destino".

ja, ja, ja,... estoy bromeando... no me hagan caso... y para tí, preciosa, sigue adelante: tallando tu propio estilo!!

Ingrid Santamaría dijo...

Gracias Carlos y Javier